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NUESTRA HISTORIA

Carina Farinaccio nace en Buenos Aires, el 4 de abril de 1969. Vive toda su infancia en Capital Federal y cursa sus estudios en el Colegio de las Hermanas Dominicas de la Anunciata. Más tarde, estudia derecho en  la Universidad de Buenos Aires y se recibe de abogada en 1994.

Desde muy chica demuestra sus dotes para el dibujo y su exquisita creatividad se vuelca al papel: con solo 14 años elabora una carpeta de diseños de moda que dará la vuelta a la escuela causando la admiración y el recuerdo de sus compañeras de clase. Este interés persiste a lo largo de toda su adolescencia: se sorprende con los primeros videos musicales de la década del ‘80 -que le causan gran admiración-, no deja de dibujar, pintar y bocetar moda. Su vocación se mantiene latente a pesar de desempeñarse como abogada y de ir obteniendo importantes logros en esa profesión.

Este amor por el diseño la lleva, en 1998, a estudiar la carrera de diseño de modas que en ese momento se impartía en la EscuelaDonato Delego. A los dos años obtiene su título con la máxima calificación posible.

Con la formación profesional sumada a su amor por el diseño y su enorme capacidad emprendedora, le da forma a su proyecto en uno de sus viajes a Nueva York: el año 2010 es testigo de su metamorfosis, el pasaje del ámbito jurídico al del diseño con su propia marca.

Aplica toda su creatividad en el rubro bijouterie, como autodidacta, y trabaja sus primeras piezas bordándolas con sus propias manos en el living de su casa, sin soñar todavía con que algún día tendría su propio atelier.

Por esos años realiza por primera vez una de sus collares emblemáticos: el Julia Big, y sigue trabajando con una gran producción que ya tiene un sello propio: Carina Farinaccio toma forma como marca de lujo.

A pesar de haber estudiado muchísimo a lo largo de su vida, sigue perfeccionándose en la confección de brazaletes, aros, tocados, accesorios para novias, etc.

Realiza piezas a mano con elementos de altísima calidad, como coral, turmalina, jade de diversos colores, cristal checoslovaco, cristal Swarovski, marfil, ágatas, cuentas de lava, obsidiana y combina los valiosos materiales obteniendo verdaderas obras de arte, en una producción exclusiva y limitada.

En el momento de la creación, la motiva el arte en todas sus expresiones, pero especialmente la música, que disfruta como un milagro de la vida y que la inspira al momento de idear sus piezas. El rock, pero fundamentalmente la ópera, que disfruta en su país y en todos sus viajes, aportan energía, colores y pasión a su trabajo.

La naturaleza es otra de sus grandes fuentes de inspiración. Junto a su marido, el prestigioso conservacionista Tomás Waller, ha realizado viajes al Pantanal del Mato Grosso en Brasil, los arrecifes de coral de Belice, la selva de Costa Rica, o los destinos más agrestes de la Patagonia argentina o del norte tropical en los Esteros del Iberá, las cataratas del Iguazú, y los paisajes incaicos de Salta y Jujuy.

Sus viajes constantes por el mundo nutren su creatividad y le permiten ofrecer cada vez diseños más maravillosos y originales a sus clientas, que se encuentran desde Buenos Aires, Asunción y Lima hasta Madrid, Barcelona, Roma, Miami y Nueva York.

Su gran capacidad como emprendedora y sus exquisitos diseños permitieron que, partiendo de una primera pieza bordada en el living de su casa, hoy cuente con un showroom propio, sus colecciones puedan ser vistas en numerosos programas de televisión y en varios desfiles, revistas de moda y actualidad.

Una pieza de Carina Farinaccio refleja, en síntesis, el espíritu de su creadora: se destaca en una reunión, no pasa desapercibida y distingue a la mujer que la lleva.